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Resulta evidente pensar y comprender que asistimos a un momento muy particular para la economía a nivel mundial, con las principales potencias en pleno proceso de crisis y con un mercado que cada día amanece más saturado y más exigente en cuanto a la competencia que las empresas libran por mantenerse y por tratar de seguir creciendo a pesar de las dificultades que se les presentan a diario. Con este panorama dominando la realidad, cuesta imaginar cómo los mexicanos, al igual que los habitantes de otras naciones, siguen apostando por el desarrollo de sus proyectos, invirtiendo tiempo y mucho dinero para establecer una empresa y tratar de solventarla y hacerla crecer dentro del mismo mercado que antes mencionábamos. Como es de suponerse, poner en marcha un negocio resulta por estos tiempos una tarea titánica, que demanda mucho más que buena voluntad, y que exige a quienes se ponen al frente de estas innovaciones capacitarse al más alto nivel para resultar exitosos en sus objetivos planteados, aprovechando para ello espacios modernos como las maestrías en administración de proyectos.

El reconocimiento en cuanto a la dificultad que por estos días representa montar una nueva empresa, ha llegado incluso a los ámbitos `públicos y estatales, generando en los gobiernos la obligación de intervenir para apoyar a estos nuevos emprendimientos teniendo en cuenta la importancia que estos tienen a la hora de movilizar las economías locales y generar puestos de trabajo para responder a la enorme demanda laboral que existe. Así es como las autoridades se encuentran por estos días diseñando y poniendo en marcha diversos planes de colaboración con estos nuevos proyectos empresariales, entregando dinero y subsidios para tratar de rescatar a los mismos de la crisis que atraviesa el mercado y que en la mayoría de los casos amenaza la subsistencia de estos emprendimientos.

De todas formas, es evidente que no alcanza únicamente con recibir capital del Estado para poder mantener una empresa bajo estas circunstancias. Tampoco alcanza con cuestiones tradicionales tales como el esfuerzo y la buena voluntad. La diferencia la marca en nuestro tiempo la educación y la capacitación, motivo por el cual aquellos nuevos empresarios que puedan capacitarse en ámbitos del más alto nivel como la maestría en administración de proyectos serán quienes dispongan de las herramientas más válidas para resultar exitosos en sus objetivos personales e institucionales.